domingo, 8 de febrero de 2009

JERONIMO RIERA ALVAREZ

Jeronimo con su esposa Patro, mis suegros


JERONIMO RIERA ALVAREZ, HISTORIA DE UN ANARQUISTA

Jerónimo Nació en la Felguera y allí transcurrió su vida hasta que lo fusilaron en Oviedo en el año 38. Fue un felgueroso, es decir que trabajaba en la fabrica de acero de La Felguera, su oficio era el de electricista, pero lo mas importante es que fue un anarquista entregado siempre a sus ideas, hasta la muerte, su militancia en la CNT-FAI le llevo con frecuencia a la cárcel y al exilio, mi marido, su hijo, me contaba como iba a ver a su padre a la cárcel de León donde cumplía penas por ser sindicalista, educó a su familia en los principios anarquistas, el amor a la naturaleza, el deporte, el respeto a la mujer y la lucha por los derechos de los trabajadores. Se caso con  Patrocinio Vuelta, y tuvo dos hijos, Abelardo, que fue mi marido y Sara. Durante la revolución del 34 en Asturias se significo por su lucha y tuvo que refugiarse en Francia, en Limoges donde unos anarquistas le ofrecieron amparo, los mismos que mas tarde acogerían a su mujer y a sus hijos que pasaron a Francia al ganar los fascistas, los franceses deseaban devolverles a Franco, los amigos de Jerónimo lo impidieron al responder por ellos.

Cuando pudo volver a su trabajo continuó la lucha, fue amigo de Ascaso y de Durruti, y ayudo a estos a introducirse en la fábrica provocando un apagón, se trataba de conseguir algo de dinero para los camaradas represaliados. Mi marido me contaba que un día estando con Durruti en su casa llamaron a la puerta, era la policía que buscaba al dirigente anarquista, este tuvo tiempo de esconderse bajo la mesa, se llevaron a Jerónimo pero Durruti pudo escapar.

Cuando los rebeldes fascistas empezaron su cruento alzamiento él puso en marcha un comité en la Fabrica que confisco el poder a los que la dirigían y se pusieron a fabricar armas para la República. Esta situación duró hasta que al ver perdida Asturias se incorporó al ejército republicano donde  llego al grado de sargento. Cuando vió que todo estaba perdido mando a su familia a Gijón donde pudieron subir a un barco que les llevaría a Francia.se da el caso que este barco estuvo  apunto de ser bombardeado por la marina fascista y no debió su salvación mas que a la intervención de un navío de guerra ingles que les protegió apuntando sus cañones hacia los franquistas. Jerónimo les dijo que fueran a Barcelona donde iría a reunirse con ellos si Asturias caía. Poco sabían su mujer y sus hijos que recibirían la noticia de su fusilamiento en el campo de Argeles, pero eso es otra historia.

Al ver la guerra del norte perdida Jerónimo y otros compañeros pudieron hacerse con un barco de pesca con la esperanza de ganar Francia y Luego Cataluña, como había prometido a su familia, para continuar desde allí la lucha.

Los barcos rebeldes los detuvieron, al verles venir tuvieron tiempo de destruir sus papeles para que los fascistas no supieran quienes eran, los internaron en Camposancos, lugar siniestro donde ya había cientos de presos republicanos, si muchos no conocían la identidad de Jerónimo otros la sabían y eso fue su perdición. Avelino Fernández nos contó lo que allí paso y nos gravó una caseta con la historia de un hombre que el consideraba como un héroe. Nos contó que alguien de su pueblo que lo conocía y sabiendo el interés que tenían los fascistas en echarle mano le denunció a él y a otro compañero a cambio de su libertad, se supo lo que iba a suceder, avisaron a los compañeros y los dos pudieron esconderse antes de que vinieran a buscarles, en aquel enorme edificio no era difícil encontrar algún recoveco entre los tejados. Pero no pudieron librarse, los guardianes formaron a todos los presos en el patio y dijeron por altavoces que nadie se movería de allí, ni comerían ni dormirían hasta que los presos se entregasen, según nos contaba Avelino los dos anarquistas decidieron no hacer mas sufrir a sus camaradas y se entregaron, así salio Jerónimo de allí para ser fusilado en Oviedo.
Mi marido murió sin saber donde reposaban los restos de su padre, a la muerte de Franco fuimos al cementerio de Oviedo donde nos habían dicho que le fusilaron, preguntamos al guardián que nos echo de allí insultándonos a los tres, a mi marido, a mi y a mi hijo de 10 años, según el nunca hubo fusilados en el cementerio, ni en Oviedo, mi marido salió diciendo que Franco no había muerto, tenia razón pero yo me prometí encontrar a mi suegro cuando pudiera, años después ya viuda participé en un congreso en Barcelona sobre memoria histórica, un congresista se levantó diciendo que tenia la lista de los fusilados de Oviedo, corrí a pedírsela, y allí estaba el nombre de Jerónimo Riera, el mismo nombre que mi hijo, estuve tres días llorando, no es lo mismo saber las cosas que tenerlas en la mano. Fuimos con mis hijos a la fosa de Oviedo, allí esta su nombre con cientos de sus compañeros, le llevamos claveles, mi suegra nos contaba que cuando salían de paseo los domingos Jerónimo gustaba de ponerse un clavel en la solapa, ahora tiene allí los claveles que le ofrece su familia con todo el amor que siembre tuvimos por él, siempre fue un héroe para nosotros.

Milagros Riera

Enlace con fosa de Oviedo donde están las cartas escritas  de Jerónimo desde la cárcel antes de ser fusilado

http://www.fosacomun.com/recuerdos/1/recuerdos.htm


uis Miguel Cuervo Fernandez a ajouté 3 nouvelles photos.
La fosa común de Oviedo.
La fosa común de Oviedo está emplazada el cementerio civil, que durante décadas estuvo separado del católico por fuertes muros de piedra. Solo en 1970 se derribó la mayor parte de esa separación vergonzosa, quedando ambos cementerios comunicados.
La fosa, de 21 metros de largo por 12 de ancho, mantiene en secreto su profundidad, pero no así el número de los allí enterrados, una cifra que hace pensar en una excavación realmente profunda.
En esa profundidad yace el espíritu de aquélla Asturias que sufrió en sus carnes la más despiadada persecución por su abanderamiento de ideales revolucionarios. De los allí enterrados, muchos fueron transportados con vida al exterior del cementerio, y asesinados allí mismo, en un emplazamiento mirando a la sierra del Aramo; un lugar por lo general ignorado, pero nunca olvidado por quienes vivieron marcados por la tragedia, ni por sus descendientes.
Las flores que los familiares dejaban en ese lugar de ejecución eran con frecuencia pateadas y pisoteadas por oficiales a caballo. Los que tenían la desgracia de no morir en el mismo fusilamiento eran enterrados moribundos, sin tiro de gracia, cubiertos de cal viva y a menudo quedando al aire miembros que eran comidos por los perros y los cuervos. Los gritos de dolor de los desgraciados que aún no habían muerto podían ser escuchados por quienes vivían en las cercanías.
Otros habían sido secuestrados, paseados y ejecutados en otros lugares, transportados sus cadáveres en camiones, dejando restos de su sangre por las calles de Oviedo, y llevados a la fosa para cerrar episodios oscuros y a menudo anónimos.
Y lo que está claro es que no todas las víctimas de la represión fascista en Oviedo están en la fosa: muchos fueron los que desaparecieron y murieron de forma extraoficial, siendo "paseados" y asesinados tanto por civiles como por militares, sin dejar constancia escrita y con flagrante impunidad y complicidad de las autoridades, ya terminada la guerra.
No todos los combatientes republicanos "oficialmente" asesinados fueron a parar a la fosa, ya que a los que confesaban y comulgaban antes de su ejecución se les adjudicaba un nicho en el cementerio católico. El total oficial de republicanos o izquierdistas asesinados en Oviedo o cercanías desde 1937 hasta 1952, sumando los más de 200 "arrepentidos" asciende a más de 1.600 personas. Existen además hasta doce sepulturas individuales junto a la fosa común, de víctimas ejecutadas entre 1948 y 1952. A su vez varios cuerpos fueron extraídos de la fosa a petición de sus familiares para su pertinente traslado, y por otra parte, hay en la fosa cuerpos inhumados que no tuvieron nada que ver con la República y la defensa de sus ideales, y que sin embargo terminaron en el mismo lugar: militares del bando nacional fusilados por rebelión o agresiones a superiores, o simplemente civiles acusados de atraco a mano armada o asesinato. Todos estos datos nos indican que ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Desde el momento en que la fosa comenzó a acoger cuerpos, comenzó también el juego trágico de los familiares que querían visitar con dolor la tumba de sus seres queridos, al tener que esquivar la presencia de la Guardia Civil que vigilaba su acceso y convertía la honra a los muertos de izquierdas en algo clandestino.
Prohibido acercarse a la fosa, prohibido llorar, prohibido tener memoria. Incluso las flores debían ser arrojadas desde el exterior, al estar siempre cerrada la puerta del cementerio civil. Viudas que tenían allí enterrados al marido, a los hijos o a todos, eran repelidas violentamente por la Benemérita.
Solo el tiempo consiguió aplacar los odios de las autoridades franquistas de Oviedo, que poco a poco empezaron a permitir las visitas a la fosa. Poco a poco empezaban a permitir recordar.
Así, en 1967, familiares de los allí enterrados, en un alarde de valor dados los tiempos que corrían, solicitaron la construcción de un cerco de piedra como el que hoy día delimita la fosa; negada rotundamente la ayuda municipal, llegaron a publicar en la prensa un anuncio de la apertura de una cuenta corriente a tal efecto. No era poco, conseguir que el recinto tuviese unos límites reconocidos y separados del resto del cementerio civil; era tanto como rendir el primer homenaje a los allí sepultados, en plena dictadura. Ni que decir tiene que la respuesta fue tajantemente negativa por parte del Gobierno Civil, que automáticamente ordenó cancelar dicha cuenta. Con todo, el gesto de valentía merece ser recordado, y ahí está hoy día el cerco de piedra para dar fe de la constancia y de la memoria.
Ya en democracia, en vísperas del día de la República de 1986, se inauguró el monumento que actualmente domina el escenario de la fosa desde el centro de la misma, y que puede verse en la fotografía de la izquierda: un monumento dedicado a los Defensores de la República y del Frente Popular en Asturias. Antes del acto, algún franquista tan ruin y cobarde como esquizofrénico se entretuvo en embadurnar de verde la inscripción que los familiares de los fallecidos pusieron al pie de la fosa en memoria de todos, pero la vida y la historia no se detienen, y hechos así solo deben verse como anécdotas de la intransigencia.
El último y más importante homenaje a los asesinados se llevó a cabo el Día de la República de 2001: gracias al trabajo y el tesón de la Junta Directiva de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común, se instalaron enormes placas de mármol en los muros que rodean la fosa, placas que contienen los nombres, edades y procedencia de todos los allí sepultados de los que se tiene conocimiento oficial, y que están ahí por haber defendido ideales de República y Libertad. Una iniciativa emocionante, digna de elogio y que por fin restituye el honor y la memoria de todos los que murieron por defender sus ideas frente al fanatismo ciego.
El presente y futuro de la fosa de Oviedo pasa por dos fechas al año en los que esta gran tumba se llena de vida y de color: el día de los difuntos y -¡cómo no!- cada 14 de Abril, Día de la República. En ambos días los familiares y amigos de los allí sepultados rinden homenaje y demuestran su fidelidad hasta el fín, cubriendo la fosa de incontables ramos de flores y desplegando al aire banderas tricolor de aquella República Española que creía en la democracia y en la libertad y que fue asesinada por el fascismo.
Aún hoy, pasado más de medio siglo, la memoria permanece viva en todos nosotros, y no dejaremos que el tiempo se lleve los recuerdos. Alguno puede perdonar, incluso pasar página, pero nunca debemos olvidar.
En conclusión, en la fosa común del cementerio de Oviedo yacen los cuerpos de hombres, mujeres, jóvenes y mayores, asesinados todos en distintos lugares de la capital asturiana y sus alrededores, en la guerra y en la represión fascista de la post-guerra.
La fosa denuncia la mayor vergüenza que puede sentir un pueblo: la de la guerra civil, y su sola presencia basta para que siempre lo recordemos. Al fin y al cabo, se dice que el pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla.
Tomado de la web de la fosa común de Oviedo.
Verdad, Justicia y Reparación

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